Antes de llegar al trabajo, me encontré con un chavo que conozco desde hace algunos meses, como teníamos tiempo comenzamos a hablar, y bueno, tuve la oportunidad de conocerlo mejor.
Hablábamos principalmente de football y estudios, también de amistades que tenemos en común, que por cierto, una de esas amistades, va a una iglesia que yo conozco, y en la cual he tenido la oportunidad de estar, y resulta que este chavo, con quien estábamos conversando, va al mismo lugar.
Me contaba este chavo que iba a esta iglesia, a la cual va también su familia, desde hace algunos años, que actualmente no estaba sirviendo (con una expresión de tristeza en su rostro) y bueno, no pude resistir la tentación de preguntarle. En pocas palabras me decía que solo los líderes tienen ‘privilegios’ (para los que no son cristianos, perdón por nuestro léxico cristianoide; privilegio es una forma de decir, cumplir una función dentro de la iglesia) y solo ellos pasan entonces, a lo que yo pregunte ¿por qué?, bueno, me dijo, porque los demás están –lo voy a decir en un lenguaje comprensible– en un proceso que les permitirá desempeñar una función en la iglesia, además de que… agárrense a sus asientos… a las chicas no les dan privilegio porque se maquillas, a los chicos no les dan privilegio por los pantalones que andan…. Ahhhh la misma religiosidad ridícula de siempre (perdón pero es cierto, eso me enerva) bueno… no era sorpresa para mí, pues conozco esa iglesia, pero que alguien de adentro te lo exprese, es diferente. Mirá, me dijo, en algunas ocasiones he visitado otras iglesia, y en muchas de ellas, hay más alegría que en la mía en los cultos de jóvenes, es más, me dijo, con unos chavos de la iglesia, fuimos a otra, y nos gusto tanto, que nos queríamos pasar ahí, y de estos chavos, unos regresaron ahí una vez más, y sabes que, les quitaron privilegios en la iglesia.
Ahhhh la misma historia de siempre, hasta cuándo van las iglesias, pastores y lideres (muchos de ellos, no todos eh) a coartarle la libertad a los jóvenes, ¡hasta cuando por Dios! Me da pena, vergüenza, rabia, cólera y un sinfín de sentimientos repulsivos hacia esta clase de pseudo siervos de Dios, que al igual que los fariseos a los cuales Jesús se enfrentó, defienden a capa y espada su estéril e insípida religiosidad, ¿y qué logran con esto? que jóvenes como estos se lleven la peor de las impresiones acerca de Jesús, entonces que pasa, el Jesús que conocen es el Jesús de la Iglesia, y no el Jesús de la Biblia.
Definitivamente, cada día estoy más convencido que esta generación necesita urgentemente ser expuesta a Jesús, no expuesta a ‘mi iglesia’, ‘mi doctrina’, ‘mi pastor’, ¡No!, cada persona necesita ser expuesta a Jesús, luego, dejar al Espíritu Santo, realizar el proceso de transformación.






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